BANQUEROS

Recuperamos este artículo por reflejar una situación que, lamentablemente, sigue siendo actualidad. 

Cada día, todos los días, podemos leer en los periódicos casos de irregularidades rayanas en el delito ya no sólo tipificados en las leyes si no delitos que atentan contra la estabilidad social. Para los primeros existen penas para los segundos condenas de tinta. De vez en cuando, muy de vez en cuando, alguien va a la cárcel pero lo que nunca ha quedado claro es si devuelven lo que se han llevado indebidamente. Alguien se molestó un día en hacer cuentas sobre el caso Banesto y llegó a la conclusión de que Mario Conde ganaba seis mil euros largos cada día que estuvo en la cárcel.

picarosUno puede llegar a pensar que cuando se hacen negocios “arriesgados” en el plan de viabilidad se incluye una partida en la que se recoge la posibilidad de acabar en la cárcel y, haciendo cuentas, se decide o no seguir adelante con el negocio.

La tradición del pícaro en España es algo asumido pero, como bien señala la RAE, hoy día se ha generalizado la primera de sus acepciones: bajo, ruin, doloso, falto de honra y vergüenza. Nada que ver con la última que se recoge en el diccionario: persona de baja condición, astuta, ingeniosa y de mal vivir, protagonista de un género literario nacido en España. Poco que ver una con otra excepto en el hecho de que ambos son protagonistas de un género literario; el segundo en clásicas novelas que han resistido el paso del tiempo y los primeros, en noticias efímeras.

El pícaro pagaba sus culpas y solía regenerarse en ciudadano respetado; sus actividades picarescas estaban dirigidas a la supervivencia; sus imitadores de traje y corbata están movidos por la avaricia y raramente se terminan de recuperar el respeto perdido.

La ley era implacable con el pícaro hambriento y astuto; la ley allana el camino al pícaro moderno. Si en el siglo XVI se cogía al sujeto con algo robado; cárcel o se le montaba en un barco con destino a las américas.

En el siglo XX si se pilla al pícaro con dinero en Suiza se le pone una multa del 21% del capital descubierto si puede justificar los ingresos y el 43% si no puede hacerlo. Por ejemplo, Botín pagó al fisco español 260 millones de euros por el dinero que tenía despistado en Suiza, el 21% (18% por aquel entonces). Muy bien; eso quiere decir que pudo justificar de donde venía ese dinero. En el caso que hubiera sido un desfalco, beneficios del tráfico de droga, de armas o de personas el pícaro no explicaría el origen del dinero se limitaría a pagar el 21% y santas pascuas. Quizá, eso sí, algunas molestias como vigilancia policial, algún teléfono intervenido, pero nada que con el tiempo no se pase. Además, si las cosas se ponen feas siempre queda la posibilidad de un indulto. Cosa a la que los pícaros de la supervivencia no tienen acceso.