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Puede que sea la palabra más repetida en los últimos dos meses y puede que lo sea en los próximos dos meses. Pacto, según la RAE es un concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado. Un acuerdo que puede ser activo o pasivo, pero acuerdo al fin y al cabo.

Generalizando mucho, los pactos activos suelen ir destinados a construir y los pasivos a no actuar. Los Estados Unidos y la Unión Soviética, lograron alcanzar un pacto pasivo que consistía en no agredirse. Pactos activos ha habido muchos a lo largo de la historia reciente y muchos de ellos han quedado en papel mojado. Los países miembros de la Unión Europea pactaron atender a 160.000 refugiados y solo lo han hecho con 272 y eso que la UE es un ámbito creado mediante acuerdos entre países, pero las cuestiones concretas, aquellas que repercuten en la rentabilidad política de los partidos que gobiernan cada país, son otro cantar. Es entonces cuando se pone de manifiesto que la Unión Europea no es un territorio natural, si no un ente administrativo de carácter económico.

En España, no estamos acostumbrados a los pactos naturales, ideológicos, los pactos políticos han ido acompañados de mercantilismos. Fue cuando un presidente del gobierno tapó lo de Banca Catalana y otro envió dinero a espuertas hacia el País Vasco y Cataluña, pues en la intimidad hablaba catalán. En este momento, los derroteros nacionalistas caminan en sentido contrario a los intereses de los partidos constitucionalistas y las concesiones serían demasiado caras.

El problema de este momento no es que los partidos no pacten, ha sido el camino que ha recorrido cada uno de ellos hasta llegar a este punto de no retorno. En el caso de que se diera la remota posibilidad de que viésemos a los partidos ponerse de acuerdo, ¿qué clase de gobierno íbamos a tener?

Un pacto entre organizaciones de cualquier tipo, implica renunciar a personalismos. Son acuerdos fríos, limitándose a diseñar el camino para conseguir el objetivo común y ninguno de los cuatro implicados parece dispuesto a renunciar a sus ambiciones personales, dentro de sus posibilidades. Incluso aquellos que anteponen el bien del país, lo hacen porque personalmente no podrían llegar más lejos. Lease Rivera y Sánchez. Y, de la misma manera, no parece posible que Mariano Rajoy se separe del sillón de presidente con tufo a derrota, a pesar de haber sido el más votado; tampoco Pablo Iglesias parece dispuesto a ceder ni un ápice de sus ambiciones, ahí lo tenemos como rostro del Día de la Mujer Trabajadora.