PACTO_SÁNCHEZ_RIVERA

Los más jóvenes no recordarán la figura del charlatán que se dejaba ver en plazas y mercados, que animaban con sus eslóganes los días de feria. Generalizando un poco, había dos tipos de charlatanes, los que vendían un producto válido pero muy caro y el que vendía objetos muy útiles pero complicados de utilizar, salvo por él.

Para vender su producto con sobreprecio, regalaban otros con él. “La magnifica cartera de piel de becerro, junto la cartera impermeable multiusos, el peine de carey y la bolsa de viaje todo uso, fabricada con el mismo material que se usa en los trajes espaciales. Todo por cinco duros, ¡qué digo cinco!, ¡ni cuatro!, ¡ni tres! ¡¡Todo por dos duros, diez míseras pesetas!!”

Nada más lanzar su oferta, en tono entusiasta, salían manos desde el corro de gente que le rodeaba pidiendo los artículos publicitados. Solían ser ganchos, pero efectivos y eficiente ya que rompían el hielo de la compra. Todos sabían que lo que acababan de escuchar era mentira, pero se iban para casa con la cartera de becerro, la multiusos, el peine y la bolsa fabricada en la NASA.

Hoy, los charlatanes han desaparecido pero tenemos la teletienda y a los políticos.

La exposición pública del pacto alcanzado por el PSOE y C´s, ha sido una retahíla de propuestas que tenían más o menos importancia dependiendo quien lo recitara. Si para C´s, desaparecen las diputaciones; para el PSOE, se reestructurará la administración provincial; mientras que para el PSOE se deroga la Reforma Laboral, para C´s solo se derogarán algunas de sus medidas. Pero, para ambos, tenemos pacto de gobierno, que no vale para nada y que han presentado con la soltura de los charlatanes de antaño.

Se han colocado en el centro del mercado, el Congreso de los Diputados, y han firmado el acuerdo con la importancia con la que el chalán vendía el bolso multiusos fabricado en la NASA. Protocolo vacío, utilizando la historia de todos en beneficio propio, mostrándose como los únicos capaces de encabezar un proyecto destinado al fracaso a no ser que otros charlatanes se unan a él aportando productos inútiles pero atractivos.

El pacto debería haberse negociado y desarrollado en el ámbito de lo privado pero el éxito para los charlatanes reside en ser escuchados. Pedro Sánchez ha echado mano de sus propios ganchos, que se han lanzado mediante su voto a comprar el producto. Albert Rivera, se mantiene en el papel de puntualizador para evitar que Pedro y sus huestes negociadoras no le ganen la partida en los medios. Un motivo más para haber guardado el acuerdo en el campo de la discreción.

Lo mismo habría que haber hecho con las conversaciones mantenidas con el bloque de Pablo Iglesias.

En un país en el que se practicara una política en beneficio del Estado, el momento de hacer públicos los acuerdos hubiera sido la sesión de investidura; aunque todos los analistas estén haciéndose cruces sobre la osadía del candidato de los noventa escaños.

Mientras tanto, solamente añadir que usar el cuadro de Genovés, icono de la transición democrática, ha sido un exceso digno de los mejores charlatanes de los sesenta.