TERRORISTA_GORRO_BRUSELAS

Para nosotros, los occidentales, resulta complicado entender que un hombre joven se cuelgue un cinturón de explosivos y acuda en busca de su muerte, llevándose en ese acto el mayor número de vidas inocentes con él.

Para las fuerzas del orden resulta complicado luchar contra alguien que no prepara una huida; ni siquiera los grupos terroristas occidentales parecen admitir ese modo de actuar. Los terroristas occidentales buscaban disfrutar de la gloria en la tierra, después de cometer el atentado.

Tras los atentados de París y, sobre todo, los de Bruselas hay un dato que quizá los expertos no lo mencionan por sabido, pero que llama la atención. Tras cometer el atentado, uno de los terroristas escapa. En el atentado en el aeropuerto de Bruselas, mueren dos, escapa uno; en el atentado en el metro, muere uno y otro escapa. En París, varios escapan y el testimonio de Salah Abdeslam podrá aclarar qué sucedió aquella noche del 13 de noviembre.

Lo que ya han admitido los servicios de inteligencia de diferentes países y ha corroborado la Europol, es que la red yihadista establecida en Europa es mucho más numerosa de lo que se pensaba. Se hablaba de 5.000 sospechosos fichados y sin fichar en toda Europa.

De la misma manera que los servicios de información de cada país, son reacios a compartir información, a los ciudadanos también nos llega de una manera sesgada. Ahora, se dice que ya no son lobos solitarios quienes actúan, si no células organizadas e interconectadas entre sí. Pero, lo que parece más plausible, es que la supuesta red terrorista establecida en Europa esté formada por lobos solitarios, interconectados entre sí. Ellos son los responsables de que los atentados se lleven a cabo.

El perfil de estos terroristas, no es el de árabes nacidos en territorio europeo y que se radicalizan. No. Ellos son yihadistas entrenados militarmente y con conocimientos suficientes como para poder moverse con soltura por Europa, donde pueden haber entrado gracias a documentación falsa. Estos sujetos llevan instalados en Europa el tiempo suficiente como para acudir a contactos en cada uno de los lugares elegidos y comprobar quienes pueden ser aptos para acompañarles en el momento del atentado. Entonces si que aparecen esos sujetos a los que estamos acostumbrados ver como tiñen de sangre las ciudades elegidas para golpear.

Comentaba un experto que algo que no comprende es la manera de actuar que tuvieron los terroristas que atacaron Charlie Hebdo, pero los atentados del 13 de noviembre sí que se correspondieron a la manera de actuar de la presencia de ese yihadista llegado de Siria que supervisa la operación.

En Bruselas ha quedado clara la presencia de estos terroristas, decía el militar, ya que es de suponer que el hombre del gorro, del aeropuerto de Bruselas, estaba allí para cerciorarse de que sus dos compañeros cumplieran con el objetivo marcado. Posiblemente, él terrorista que huyó tenía su propio detonador para hacerlos estallar en caso de que se produjera un arrepentimiento de última hora.

Lo mismo sucedió en el metro. Entran dos terroristas, ambos con mochilas; uno muere y el otro sale vivo.

Decíamos al principio que los terroristas no buscaban la huida, al estilo occidental pero hay que excluir a estos otros que forman la escolta de ángeles maléficos que espantan el apego a la vida del último momento.