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Lo ha dicho Ada Colau, nosotros lo habíamos señalado en estas páginas. Añadimos, además, que no se trataba solo de Pablo Iglesias si no de todos los dirigentes de Podemos a quien se le pone un micrófono delante. Se trata de una soberbia pontifical, necesaria para interpretar su papel. Comprendo a Ada y comprendo que esté molesta porque ella ya ha llegado a esa fase.

Pero, antes de que Ada fuese elegida alcaldesa, recibía a Pablo Iglesias como el salvador que ella y los suyos esperaban, era lo más cerca que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca estaba del reconocimiento institucional. Un partido político ideológicamente cercano y que salía dispuesto a asaltar los cielos por cualquier medio. Los cinco eurodiputados obtenidos eran un buen aval para ponerse en sus manos. Podemos tenía medios de todo tipo, pero también necesitaba ayuda en aquellas grandes ciudades en las que se harían, rápidamente, mucho más visibles ya que solamente disponían de unos meses para presentarse con cierta solvencia a las elecciones generales.

Por aquella época, Podemos se definía como un movimiento ciudadano que pasaba a constituirse en partido político por cuestiones logísticas. Ahí estaba Ada, dispuesta a dar el salto del activismo a la política con Barcelona en Comú. Y la cosa funcionó.

A medida que ha ido pasando el tiempo, Colau ha debido darse cuenta de que, en realidad, a partir de las elecciones municipales es ella quien ayuda a Podemos, hasta el punto de considerar la posibilidad de que eso de las confluencias no le interesa. La mejor confluencia de Colau es con ella misma y con Cataluña.

Y ha seguido meditando. Y se ha dado cuenta de que lo que ha hecho Podemos ha sido vampirizar el 15M, erigiéndose en representates de la movilización de los activistas, como ella. Y que el “si se puede” era el grito de guerra de la PAH. Y que Pablo solo quiere tocar el terciopelo de los sillones del poder, como ya ha hecho ella, comprobando que es agradable.

Para llegar a esa meta, Iglesias podría dejar de lado el acuerdo con Ada sobre la idea del referéndum en Cataluña y que esa soberbia del teórico universitario sería capaz de romper unilateralmente las condiciones del pacto. Algo que solo la preocupa un poco, porque de ser así sabría hasta que punto Pablo la necesita a ella.