TURQUÍA SIRIA CONFLICTO

La medida de la Unión Europea de devolver a Turquía a los refugiados abandonados a su suerte en Grecia, se ha analizado desde numerosos puntos de vista; económico, político, legal, etc. Pero nadie se ha preocupado de analizarlo desde los efectos que una medida de este tipo puede suponer en personas a las que se les quita su última esperanza de conseguir una vida digna.

Pensemos en la vida de toda esa gente en sus países de origen. Vidas normales y corrientes, como las nuestras pero sin horizonte y sin poder cumplir ese principio básico de proteger a sus crías, ese comportamiento que sentimos los mamíferos, sin importar raza o coeficiente intelectual. No solo hay que proteger a nuestros hijos, hay que darles opción a que se desarrollen en un mundo mejor. Para quienes se amontonan en Grecia, ese mundo mejor está al otro lado de la verja.

Sintamos como sienten padres y madres que abrazan a sus hijos pequeños para darles calor y evitar que pisen con sus pies descalzos el barro. Les susurran al oído que eso pronto terminará y que estarán calientes y a salvo; podrán ir a la escuela y los padres encontrarán trabajo. Todos vuelven a mirar hacia la verja coronada de alambre de espino y hacia las pequeñas puertas por las que esperan pasar pronto hacia Europa. En ese momento darán por buena la decisión que tomaron al dejar su vida atrás y gastar sus ahorros con la intención de proteger a sus hijos.

Un día, de pronto, te dicen que unos tipos durante una confortable cena están decidiendo tu futuro y que seguramente, alguien decida que tu familia no puede entrar en Europa, por motivos diversos e inconcretos que se traducen como situación de ilegalidad. El grado de frustración les llevará a no atender a razones y a dejar que el odio se convierta en su único consuelo.

Quienes no logren pasar la verja, deberán buscar acomodo donde buenamente puedan y ese odio hacia quienes les ha robado la ilusión irá creciendo. Y los padres lo transmitirán a sus hijos, que habrán observado en sus padres que un ser humano sin ilusión, es un ser humano fracasado y se deja llevar por la vida, en lugar de luchar por marcar su propio camino.

Pasarán días, semanas, meses o años pero alguien se acercará a alguno de esos niños que ya solo ven los ojos muertos de sus padres y les entregará un arma o les atará una bomba a su cintura, les prometerá el paraíso para él y los suyos, junto con la posibilidad de saldar una cuenta pendiente.

El resto de la historia, por desgracia, ya lo conocemos.