En 1982 había más libertad que ahora. Más libertad para crear, más libertad para emitir lo creado y las críticas que las había a millares se limitaban a la obra exhibida.

En el año 2000, más o menos, cuando “Hospital Central” se había convertido en una serie de éxito se escribió una trama que consistía en que a un etarra le estallaba un artefacto explosivo en las manos y era llevado al hospital, donde todos los médicos hacían lo posible por salvarle la vida. La base de aquella trama era romántica, ya que el chico tenía una novia que ignoraba su pertenencia a ETA pero que al final se quedaba a su lado; el chico se arrepentía y los médicos salvaban su vida y sus manos. Aquello era así.

En aquel guión se deslizaban comentarios sobre la organización terrorista y sobre la oportunidad que se presentaba en el hospital de acabar con un asesino. Ignoro por qué se eligió a un terrorista, quizá por la posibilidad de redención que no cabía, por ejemplo, en un asesino. Algo así, ya que al chico se le terminaba mostrando como a un pobre diablo al que le habían lavado el cerebro. T5 no permitió que aquello se rodara; aunque creo que lo permitió años después.

En televisión no se han hecho series de ficción que aborden temas políticos hasta antes de ayer, como quien dice. Era tabú. La ficción no podía, de ninguna manera, recrear la realidad.

En 2004, poco después de que Zapatero ganase las elecciones, se dijo que “Cuéntame” desaparecería por hacer demasiadas referencias a la dictadura y de una manera poco o nada crítica. La serie mantenía a TVE como líder de audiencia. Toda España veía la vida de los Alcántara y recordaba la suya. Por entonces, acumulaba hasta el 50% de share.

En 2011, se emitió “Crematorio” en Canal+1, que llegó a tener el 0,2% de share, pero se llevó todos los premios habidos y por haber en la ficción televisiva nacional. Un año después la emitió La Sexta, sin lograr grandes audiencias. Ha sido una de las mejores series nacionales, si no la mejor.

2016, meten a unos titiriteros en la cárcel y se prepara un follón desmesurado e innecesario.