Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ha vuelto a salir a colación el tema del lenguaje inclusivo. Y, cómo no, han sido políticos y no lingüistas quienes han expresado su opinión sobre cómo debemos hablar los demás para no resultar machistas. Mejor dicho, políticamente correctos.

Quienes saben de esto, que no son precisamente quienes hablan y opinan de todo cribados por la militancia, ya se han pronunciado sobre el tema y han reconocido que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, estaba inclinado hacia el universo masculino, dejando de lado la realidad social en la que la mujer había ganado presencia en todas las áreas. Por ello, revisó aquellos sustantivos excluyentes y colocó a su lado la versión femenina. Las fiscalas, las médicas, las juezas, pero no hay “pilotas”, porque la palabra piloto se refiere a la persona que gobierna una nave, coche, avión, etc. No hace distinción y es quien habla el que debe utilizar el lenguaje inclusivo diciendo “la piloto”, cuando es mujer.

El idioma ha de utilizarse de manera directa, lo más directa posible y, de esa forma, se gana efectividad en la comunicación. Expresarse utilizando más palabras de las necesarias se llama circunloquio. Quizá por eso, los políticos son tan amigos de utilizar la diferenciación entre “los y las”, porque su discurso está basado en el circunloquio; decenas de palabras vacías de contenido para terminar no diciendo nada concreto. De hecho, si reparamos en ello, la utilización de la diferenciación de género en un discurso político, suele ser una muletilla previa a ese momento en el que se esperan aplausos o una pausa ante la reflexión del orador de turno.

Me pregunto si estos oradores de la @ hablarán igual en casa o ante un grupo de amigos.

En realidad, cuando se emplea este recurso se hace dirigiéndose a un interlocutor concreto, a un grupo de interlocutores concretos. Seamos claros, de Pedro Sánchez a la izquierda son muy partidarios de estas expresiones. El líder socialistas se dirige a quienes van a sus mítines, como amigos y amigas. ¿Qué nos quiere decir?, ¿qué considera por igual la amistad de hombres y mujeres? ¿Quiere decir con esto que antes discriminaba la amistad entre unos y otros?

Hablar en el Congreso, dirigiéndose a la audiencia discriminando por género no parece correcto. Todo el mundo sabe que hay mujeres en el Congreso y que su trabajo es igual de brillante o decepcionante que el de los hombres.

Tratar de resaltar la presencia de mujeres en campos en los que es obvia y archiconocida su presencia no deja de ser una forma de discriminación.

Los medios que el Día de la Mujer Trabajadora han ondeando banderas a favor de la igualdad son los mismos que atrapan en sus digitales a los hombres, utilizando, por ejemplo, señuelos como “Los escotes más vertiginosos de la alfombra roja” o “descuidos de famosas” y temas similares que tienen dos extremos; la utilización de la mujer como objeto y permitir que el hombre siga buscando distracción en esos objetos que muestran.

Así que, dejémonos de postureos y vayamos al fondo del asunto en la verdadera igualdad de géneros.