PORTADA_LIBRO_PEQUEÑA

En términos generales se propone la celebración de este acto porque culmina la extraña historia que supuso la edición de este libro y el descubrimiento del autor como un gran poeta de guerrilla.

El autor fue consciente con su obra y nunca llegó a verla publicada ya que la desarrolló de manera soterrada, enterrada, oculta. Fue después de la muerte de Manuel, cuando su obra vio la luz para quedar en estanterías de las pocas librerías que aceptaron el legado del poeta desconocido.

Es hoy, cuando quienes la criticaron la alaban. Y es hoy, cuando no hay necesidad de reconocimiento, cuando la antología de Manuel Hernández Sánchez, vuelve a sus orígenes, al soterramiento.

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LA INTRAHISTORIA DE “ANTOLOGÍA SOTERRADA”

María Teresa, hermana del autor, narra en el prólogo de “Antología Soterrada” su propia sorpresa al descubrir que Manolo había seguido escribiendo a lo largo de los años.

“Tengo en casa un cajón lleno de poemas”, le dijo Manolo poco tiempo antes de morir.

María Teresa estaba convencida de que el coqueteo de su hermano con la poesía había cesado al terminar su adolescencia y primera juventud, cuando dejaba rastro de su lirismo en pequeñas dedicatorias o cuartetas escritas en servilletas de bares.

Cuando el primer duelo hubo pasado, Teresa decidió leer todos esos poemas desordenados, como pensamientos confusos, y se dio cuenta de que tenía ante ella la obra de un poeta, de un hombre soñador. Consideró que su labor era la de organizar esa obra, tan cercana para ella y, con gran acierto, vincularla a la vida de su hermano. Con ello hizo algo que no suele ser frecuente y es considerar la poesía como un medio de comunicación más, el más bello, el más complicado y el más obsesivo, ya que arrastra al autor a buscar la combinación de palabras más a justada a lo que quiere contar y al lector a investigar para poder captar el mensaje del poeta.

En manos de un editor inexperto el mérito que tenían aquellos poemas mecanografiados y ordenados por temas y fechas, era que los comprendía. Que la vida de Manolo se transponía a la vida de muchos hombres y mujeres que se sentían oprimidos, aunque solamente fuera por el hecho de no tener alas para volar. Ese sentir y el entusiasmo de su familia, con su viuda, Fe Cordero, a la cabeza decidió al novato a aventurarse a editar el libro.

Esto sucedía en 1994, tres años después de que Manuel Hernández Sánchez hubiera fallecido. La edición del libro fue cuidada y avalada por personas con criterio, gente ya de vuelta en el complicado mercado de la cultura en provincias.

Quizá se vendió lo que se tenía que vender en “Cervantes”, hoy soterrado también, gracias al empeño y ayuda de Jesús Sánchez Ruipérez; en la librería de José Ángel Núñez y poco más. Era un autor desconocido y en la portada no se hacía referencia a que fuera salmantino.

El libro quedó abandonado a su suerte, guardado por la familia y por el editor que ya había dejado de serlo.

El primer indicio de que “Antología Soterrada” despertaba, se produjo en el Ateneo de Salamanca en una tertulia poética en la que cada participante llevaba el libro de poemas, de autor salmantino, que más le gustaba. Alguien llevó la obra de Manolo y despertó el interés de los demás participantes, que quisieron saber dónde se podía encontrar. Quien lo había llevado, informó de que se encontraba agotado, pero una persona cercana al editor dijo que había muchos ejemplares.

Informado el editor, que vivía fuera de la ciudad, se mostró dispuesto a vender los libros, el criterio de los supuestos compradores, poetas o amantes de la poesía, era hacerse con ellos a coste cero. Muchos de ellos, no mostraron el más mínimo interés cuando se publicó la obra y más de diez años después consideraban que era buena.

En diciembre de 2015, se grabó en Salamanca un espacio de radio, “Poetas en el Aire”, en que se leyeron varios poemas de “Antología Soterrada” y los encargados del programa, con nueve años en antena y mucha lectura de poesía a sus espaldas, reconocieron su calidad y animaron a hacer más promoción del libro.

Tanto la familia, como la editorial, consideramos que su lugar debía ser el “Museo-Mausoleo de Morille”. El libro había cumplido su ciclo vital y decidimos dar sepultura a los ejemplares que quedan de la obra.

Manuel Hernández Sánchez vio, desde donde quiera que esté, su libro publicado. Ha llegado a quien lo ha acogido con cariño y respeto, por lo que enviamos su obra a ese limbo en el que habita la poesía.

 

EL AUTOR Y SU OBRA

Una cuestión que no se suele mencionar es que ser poeta implanta carácter en aquellas personas que así se siente. El Poeta, no es un escritor. Es Poeta, con mayúsculas, porque es un apellido más en su propia identidad.

El Poeta es creador supremo. Sus versos, formados por palabras, solamente tienen sentido en ese poema. El novelista o el autor teatral, echan mano de recursos que envuelven en más recursos o estilos personales, que terminan manipulado argumentos o tramas ya conocidas; la diferencia es la presentación. Pero el Poeta rompe con lo que deja atrás y camina hacia una nueva creación que, en ocasiones resulta tortuosa.

En el caso de Manuel Hernández Sánchez, “Antología Soterrada” recoge poesías desde 1967, principalmente sonetos que tratan de ajustarse a unas reglas métricas que no llega a cumplir con perfección, pero en los que late lo que quiere decir; estos sonetos parecen los balbuceos del autor y con ellos conviven pequeños relatos en prosa poética.

Al ordenar los poemas, María Teresa, se inclinó por dividirlos por temas: La Noche, Salamanca, El Amor, etc., por lo que el lector puede asistir a la evolución de Manuel en cada uno de ellos. Finalmente, el Poeta se lanzó al verso adecuado al momento, al grito o al susurro, a la carcajada o al llanto; escritos en soledad y guardados en un cajón secreto.

Estamos hablando de tiempos y formas diferentes a las actuales; el Poeta no lanzaba sus versos en Facebook, ni hacía poesía complaciente. La poesía circulaba manuscrita, mecanografiada y las primeras ediciones eran en aquel viejo ciclostil que todo el mundo sabía que existía, pero no se sabía dónde, porque alternaba la poesía con el panfleto subversivo.

Eran tiempos en los que no se podían vivir los sueños, pero si se podía soñar.

“…una de las cosas que pienso hacer, es escribir, antes de morirme, al menos un libro (…), empuñar la punta húmeda de tinta y (…) escribir sin miedo, con el corazón encima del papel y cara al viento”

Manuel encontró su forma de expresarse, de comunicar buscando la palabra exacta y olvidándose de reglas académicas. Deja que su corazón se coloque sobre el papel y puede hablar de la Piedra de Villamayor como elemento hipócrita de la sociedad que le rodea, mientras que es capaz de poner su cara al viento en La Playa de La Lanzada o en el Campo Charro. Juega con París a ser bohemio a la luz del día y no ese bohemio nocturno, escondido, al que obligaban las circunstancias de los años ´70 y ´80.

“Antología Soterrada” es la vida de Manuel Hernández Sánchez, que termina convirtiéndose en personaje de su propia obra que nos guía a través de sensaciones que todos sentimos, el amor, la desesperación, la tristeza, la paternidad, Dios.

Se trata de un libro clásico, de aquellos que se leían en un lugar confortable y que queda lejos de una poesía digital, de consumo rápido.

 

EL ENTIERRO

La ceremonia se celebra, en primer lugar, porque la familia está de acuerdo y considera que es un final apropiado para el sueño de Manuel, que no vio cumplido en vida.

Los libros, los objetos quedarán enterrados en el “Museo-Mausoleo de Morille”, junto restos, cosas, que han llegado a desarrollar su propio espíritu, su propia energía. Y con lo dicho anteriormente, nadie puede poner en duda que “Antología Soterrada” lleva en sus páginas la energía de su autor que, como lo define María Teresa, fue un creador auténtico, un soñador cuyo corazón latió intensamente antes de desaparecer y dejarnos su estela.

 

P.S. Aunque el libro se editó bajo el sello de SALAMANCA 2000, las verdaderas editoras del mismo fueron María Teresa Hernández Sánchez, hermana del autor que supo recoger sus poemas con criterio único y acertado, y Fe Cordero, su viuda que puso todo su empeño en salvar las dificultades que se pasaron hasta que el libro vio la luz.